
photo: Ted Johnson/Creative Commons via flickr
L@s niñ@s son muy creativ@s. Con una caja de zapatos y un cordel hacen un camión y el aspirador se convierte en un caballo o un dragón. A medida que van madurando, van perdiendo esta capacidad. Se culpabiliza al sistema educativo que busca el aprendizaje y la resolución de problemas sin fomentar la creatividad. Hay movimientos que luchan para que la enseñanza no ahogue la creatividad.
No obstante, existe otro elemento que puede ser clave. El proceso de maduración cerebral consiste en una poda de la superabundancia de neuronas con las que nacemos. Esta poda puede afectar más a circuitos y redes relacionados con la creatividad y favorecer el dominio de la parte más analítica de nuestro cerebro.
Probablemente sea un mecanismo de supervivencia en un mundo en el que prima la eficacia para buscarse las lentejas.
Hasta aquí lo que el cerebro aporta a la creatividad. ¿Y la sociedad? ¿Existen elementos del entorno social favorecedores de la creatividad?
Sí, sin duda. Hay ambientes más propicios que otros. En 2005, el país más innovador era Suecia, seguido de Japón y Finlandia. En el estudio se encontraron correlaciones entre la apertura de la ciudad a la inmigración, la ausencia de segregación étnica y racial, la aceptación de gays y lesbianas, el entusiasmo por los artistas y la capacidad de atraer grupos científicos y tecnológicos creativos para crear bienestar económico. Espacios abiertos y tolerantes. Con estas condiciones, la interrelación surgirá. Por cierto, no estábamos en el ranking ni se nos esperaba.
¿Seremos capaces de cambiar las cosas y llegar a las 1903 patentes de Edison?






