(Reproducimos el artículo que nos han publicado en EcoEuskadi 2020, en torno al reto de Cohesión y Desarrollo Internacional)
Ha habido una notable reducción de la pobreza en el mundo (a pesar del importante revés que ha supuesto la reciente crisis económica, energética y alimenticia). Los países en vías de desarrollo en su conjunto todavía permanecen en camino de alcanzar la meta de reducción de la pobreza para 2015. Se espera que la tasa total de pobreza caiga a un 15 por ciento para entonces, lo que supondría que habría unos 920 millones de personas viviendo bajo la línea internacional de la pobreza; es decir, la mitad de lo que había en 1990 (Informe Objetivos de Desarrollo del Milenio).
Son avances importantes pero todavía el balance arroja una realidad muy dura, intolerable. Una gran parte de la humanidad vive a espaldas del progreso y no tiene acceso a un mínimo de desarrollo que les permitiría llevar una vida digna. Además, la distancia que separa a los ricos de los pobres es mayor que nunca y sigue aumentando (el 2% más rico de la humanidad posee el 50% de la riqueza mundial; y el 50% más pobre tan solo el 1%).
Euskadi cuenta con una rica tradición misionera y de cooperación. Aunque tampoco nos hemos librado de alguna que otra aberración en nombre de la ayuda humanitaria y al desarrollo, prima desde luego lo bueno: Las extraordinarias corrientes de solidaridad activadas desde diversas instancias; el sin fin de proyectos de cooperación que han servido a tantas y tantas personas; los puentes y lazos creados con otras personas y sociedades; y la sensibilización social hacia los problemas del mundo, configuran un balance muy positivo. ¿Podemos hacer más?, ¿más eficacia – más solidaridad?
Somos conscientes que el escenario internacional está cambiando completamente, es mucho más complejo. A modo de ejemplo, en los últimos años el perfil de muchos de los países que antes llamábamos “Tercer Mundo” o “en vías de desarrollo” es ahora muy distinto. Ahora hay países llamados “emergentes” que están creciendo más rápido que los “países desarrollados”, muchos de ellos han salido mejor de la crisis o, incluso, no la han sufrido (en términos macroeconómicos). Pero estos países dejan aún en los márgenes, en la pobreza, a la abrumadora mayoría de su gente, de su población, y sólo en algunos casos se preocupan por luchar contra las desigualdades.
Con tantos conflictos aún abiertos, desastres naturales, hambrunas, refugiados y desplazados y tantas y tantas necesidades en tantos países (sobre todo africanos), no es casualidad que en 2011 India empiece a dejar de ser una prioridad para la ayuda internacional. Las agencias donantes extranjeras empiezan a cansarse que un país cada vez más rico (12ª economía más grande del mundo en términos nominales y que cuenta con el 4º PIB mundial en términos de paridad del poder adquisitivo –aunque su renta per cápita aún se sitúe muy atrás y con un índice de desarrollo humano aún medio-), con una creciente clase media y con un importante número de millonarios, no se responsabilice más por sus propios problemas de pobreza.
Subrayamos igualmente otra situación: Autorizadas voces internacionales se preguntan por qué los países latinoamericanos con economías emergentes, que presentan un índice de desarrollo humano alto (por ejemplo, Brasil, México y otros), no se apresuran en implementar sistemas fiscales de redistribución de la renta, que ayuden a captar más recursos económicos y a paliar sus desigualdades sociales (las más extremas del mundo).
Este nuevo escenario de “BRICs”, “emergentes”, “G-20” y “EAGLES” trastoca las categorías tradicionales en las que se ha movido la geoeconomía y la geopolítica. La mayoría de estos países presentan grandes retos internos de asentar la gobernanza democrática y consolidar unas instituciones fuertes, pero también de impulsar el emprendizaje, la innovación y una economía basada en el conocimiento.
En este sentido, hay que apostar por nuevas formas de cooperación que, cuando sea posible, las propias sociedades encuentren sus propias soluciones a sus retos de desarrollo. Debemos de dejar de pensar en estas poblaciones como meros receptores de ayuda, como víctimas o como una carga y empezar a considerarlos como sujetos activos, como emprendedores creativos y con capacidad de recuperación.
Muchas veces, un desgraciado subproducto de las campañas caritativas y de sensibilización es que también refuerzan la idea de que estas sociedades no son más que unos países de enfermedades, guerras y súplicas de limosnas. Esto hace que sea más fácil ignorar las oportunidades empresariales que también existen y que están creciendo en muchos países (no sólo en los emergentes).
Entre otras líneas de acción, se abre la oportunidad para una innovadora forma de cooperación, a través de los negocios inclusivos en la base de la pirámide (las poblaciones consideradas como las más vulnerables del planeta, aquellas que viven con menos de ocho dólares al día): Buscar la reducción de la pobreza mediante soluciones de mercado e incorporando activamente a este sector más bajo de la población. Se trata de combinar la rentabilidad económica con la generación de oportunidades para las poblaciones más necesitadas. Ver “La Base de la Pirámide bajo el prisma de Euskadi”.
Estos y otros nuevos enfoques de actuación innovadores han de servir para generar riqueza y desarrollo para erradicar la pobreza, para activar el mayor recurso de estos países: el talento y la creatividad de sus gentes.
Años de cooperación vasca nos han hecho mantener una herencia muy positiva: (parafraseando a Baricco) “la solidaridad, la compasión, un sentido de honestidad y atención a los demás, cierta tensión que te hace no perder la inclinación a lo espiritual”. Desarrollar una cooperación que responda de verdad al escenario internacional actual tan complejo y mantener nuestros valores de solidaridad sí es de verdad un desafío para EcoEuskadi 2020.
Como la solidaridad hay que cultivarla día a día y necesitamos animarnos y tomar fuerzas todos los días, hoy no dejéis de escuchar el terrible y precioso testimonio de Magdalena.
Aurrera!







Merecía un comentario este post, merece una lectura, una vuelta por el vídeo que nos dejas.
Merece la pena recordar que el progreso nos sigue sin traer los avances más básicos.
Merece la pena que no olvidemos estas cosas Paul,
gracias
Gracias por tu blog Guillermo. Esta lleno de Inteligencia, Energia y Amor-Felicidad